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El hundimiento

[30/09/2006 - Madrid]

libro: La oscuridad
autor: Philippe Jaccottet

La oscuridad narra el encuentro, en una gran capital europea, entre un discípulo, de quien poco llega a sa­berse, y su maestro, un viejo prema­turo que ha abandonado a su esposa e hijo por causa de una profunda cri­sis. La trama del relato es mínima: no importa qué sucede, sino esos diálogos (¿de sordos?), que no son sino monólogos, entre personajes que no son sino arquetipos; de ahí que carezcan de nombre, como bien se nos recuerda en el epílogo.
 
La oscuridad de que aquí se trata es la de un hombre sabio que, doli­do por el repetido rechazo de una mujer («El amor es un momento de una historia divina, iluminado por un astro desconocido»), se aparta de todo y de todos para vivir una existencia claustrofóbica, un poco al estilo de cualquiera de los persona­jes de Thomas Bernhard, el famoso escritor anti-austriaco. Sin llegar al tremendismo bernhardiano -donde el despecho y el escarnio adquieren el rango de necesidad ontológica-, ni, por supuesto, a su inigualable es­tilo hipnótico, sin alcanzar tampoco la excelencia filosófica de E/hombre sin atributos de Musil, novela que el autor tradujo y con la que, por su extensión, se presupone que convi­vió durante años, Philippe Jaccottet (Suiza, 1925) escribe un texto híbri­do, casi metafísico y, ciertamente, muy nihilista, en la línea del Sartre más difícil y amargo, de quien es claramente heredero.
 
FINGIDA CONVERSACIÓN
A par­tir de la habitación en sombras del maestro («una especie de madri­guera polvorienta»), trasposición espacial de su estado anímico o, por ser más precisos, espiritual, quizá lngmar Bergman podría haber hecho una película de este texto ensayís­tico y poético, el único de narrativa en la bibliografía de Jaccottet, muy conocido en Francia por su poesía. En este escenario neutro y, en todo caso, opresivo, se desarrolla esta fingida conversación: el soliloquio de un enfermo que se ha precipita­do por la vía del solipsisimo y de la auto-destrucción Según nos recuerda Rafael-José Díaz, en esta nouvelle casi todo es vacío, abismo, muerte y, por supues­to, oscuridad. Aunque el lector se esfuerza al principio por compren­der la razón histórica de semejante estado anímico (algo que, como es de suponer, también intenta el propio discípulo -quizá demasiado invisible-), pronto comprende que la anécdota es una simple excusa para desgranar un conjunto de re­flexiones de orden existencial sobre la vacuidad del porvenir y la necesi­dad de la ilusión, tan estúpida como necesaria.
 
SIN CONSUELO
Lástima, sin em­bargo, que el narrador, si con ho­nestidad puede llamársele así, no se demore más en ese periodo previo a la depresión («nos entregábamos sin reservas intelectuales a las ‘ale­grías del pensamiento’») en que el maestro caído, otrora brillante, des­collaba por su talento y reconocido prestigio; sólo así habría conseguido interesarnos por el destino de este hombre acabado, del que al final só­lo importa la elegancia y finura con que justifica su propio hundimiento («toda afirmación es engañosa, puesto que lo único que se puede hacer es entrar en la oscuridad de la edad apoyándose exclusivamente en ella misma»)
 
Esto no es posible porque la his­toria carece de tiempo y de espacio (algo que es más propio de la poesía que de la narrativa); y porque la sa­biduría de este profesor, tan cerca­na a la ignorancia, no deja resquicio al consuelo y ni mucho menos a la identificación, ese placer tan recon­fortante como elemental.
 
Prosa muy pesimista y esencial (lo que dice de su personaje: «elegía las palabras como obstáculos para cubrir su retirada», puede muy bien atribuirse al propio Jaccottet) que pide ser leída con el mismo talante de fascinación por la angustia con que, probablemente, fue escrita.
 
Libro donde la desesperación, omnipresente y espesa, no es sólo el tema, sino el personaje y hasta la trama, deliberadamente esquelética. Aunque, sin duda, la calidad literaria de esta obra de Philippe Jaccotett sea alta (hay muchas reflexiones de sobrecogedora lucidez: «¿Será, me decía para tranquilizarme, que he adoptado el ropaje del deses­perado para triunfar mejor?»), por su hondura sin concesiones no ex­traña en exceso que, en España, el manuscrito sufriera diez rechazos editoriales antes de conseguir su publicación. 


Pablo DŽOrs
ABCD las artes y las letras

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