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Entrevista a Antonio Ansón: «Mi generación ha llegado tarde a casi todo»

[16/09/2007 - Zaragoza]

libro: Llamando a las puertas del cielo
autor: Antonio Ansón

El escritor aragonés Antonio An­són acaba de publicar un ensayo literario sobre fotografía, "El lim­piabotas de Daguerre", y una aci­da y divertida novela, "Llamando a las puertas del cielo".
 
Usted es un provocador.
¿Yo?
 
Publica un ensayo sobre foto­grafía y empieza diciendo que la fotografía no existe...
Es una provocación, pero creo que tiene su sentido: quería de­cir que el arte le debe más a la fo­tografía que al revés.
 
No presenta los libros, no forma parte de grupos, muchos de los que le conocen ni siquiera saben que escribe... A usted no le gus­ta la pose de escritor.
No es que no me guste, es que no voy de escritor por la vida. Yo no escondo lo que hago, pero me pa­rece un poco pretencioso definir­me como "escritor". Aunque pro­bablemente lo sea.
 
Ahora, tras dedicarse a la poe­sía y el ensayo, publica una no­vela divertida, un retrato ácido de toda su generación.
Necesitaba hacerlo. Mi genera­ción es muy "literaria", porque ha llegado tarde a casi todo. Cuando murió Franco éramos muy jóve­nes para participar en la Transi­ción, y luego hemos sido muy ma­yores para la España de la mo­dernidad y de los colorines. El pintor Pepe Cerda lo expresa con una frase demoledora: "los que mandan tienen 10 años más... o 10 años menos". Y es verdad: hay muy poca gente de nuestra gene­ración que ocupe cargos con po­der. Somos el eslabón perdido.
 
Y ha ambientado la novela en un pueblo. Eso ya no se lleva.
En este país seguimos siendo muy de pueblo, aunque muchas cosas de la mentalidad rural se estén perdiendo a toda velocidad. Nací en el sesenta, y mi genera­ción fue la última que creció y ve­raneó en los pueblos, porque nuestros padres no tenían dinero para ir a la playa. La primera mu­jer que tuve en mis brazos fue en un baile en la plaza; el primer be­so que recibí sabía a cigarrillo americano y a carrasca. Eso no lo han vivido todos los que han na­cido después.
 
También ofrece un punto de vis­ta personal, y distinto, sobre la época de la Transición.
De esos años quedan muchas co­sas por contar. No se parecían mucho a "Cuéntame...". Pasamos del botijo a la parabólica casi sin cambiar de muda. Y los niños que Juan Goytisolo describe en "Cam­pos de Níjar", esos niños descal­zos y con mucha miseria, se mue­ven hoy por la ciudad en carísi­mos vehículos 4x4.
 
¿Por qué escribe?
Sólo lo hago cuando tengo una gran necesidad de hacerlo. Ahora hablo de mi novela y es como si no la hubiese escrito yo. No me costó ningún esfuerzo, la hice en dos sentadas. Fue como si una voz me la fuera dictando al oído y yo solo la transcribiera.
 
Eso sí que es chulería.
No lo digo con ese ánimo, de ver­dad. Es que, aunque parezca ex­traño, pasó así.
 
Usted es un montañero consu­mado. Si tuviera que elegir...
La montaña, como la literatura, es placentera y adrenalínica, y te obliga a enfrentarte a ti mismo...
 
Pero no te tiran piedras.
(Risas). No te las tiran, pero a ve­ces caen. Por eso hay que subir a la montaña bien equipado, con casco. Por eso hay que escribir también con casco.


Mariano García
Heraldo de Aragón

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